martes, 1 de junio de 2010

Ojos de perro

En el rincón de un cuarto oscuro se encuentra Ramiro, un fotógrafo de apenas unos 23 años, de rostro pálido, ojeras muy marcadas, labios secos, cabello castaño claro y ondulado. Está totalmente arrinconado, su respiración exaltada… sus manos no dejan de sudar. Grita desesperado, pero nadie puede escucharlo, la soledad lo ha llevado al aislamiento total.

Ramiro no distingue los colores, no contempla los amaneceres, no ve llover y mucho puede ver sus fotografías: es ciego. La vida lo ha educado y le ha enseñado que lo primordial está en el sentir, que a las cosas siempre se les tiene que buscar la esencia y tienen que limitarse de invitar a la superficialidad para que forme parte de la realidad.

Por la mañana Ramiro salió muy temprano de su casa, siempre en compañía de Col, su perro fiel: un labrador dorado muy grande y gordo; Remi estaba dispuesto a encontrar inusuales imágenes para así capturar el momento y convertirlo en una eternidad y es que la soledad dentro de la obscuridad de sus ojos, unida con el destierro de sus días, era sólo el vacio dentro de su interior, días en silencio, que en ocasiones Col rompía con ladridos, meras peticiones en las que el perro anhelaba que su amo dejara a un lado todos esos pensamientos dolorosos que ni el tiempo había podido sanar, pero que sería suficiente para que Col entregara su alma a su dueño, estaría con él aún y después de que el sol se ocultase.

Ramiro toda su vida ha sido privado del gozo de la vista y es que es un problema que viene de familia, su abuelo Manuel y su tía Celia eran ciegos también… a su madre ni la conoció. Ahora que está en el rincón de su lugar favorito, de su único entorno de paz, donde realmente se sentía él, podía ver y experimentar lo que su cámara capturaba, sentía que no podía más, esas voces que constantemente lo torturaban, lo estaban matando y aunados a los ladridos de Col, se escribía su camino a la locura. - ¡Cállate Col!, gritaba insistentemente Remi, pero Col seguía ladrando en su dirección, cada vez más enojado, parecía poseído, no era aquel can fiel que cuidaba de él, que lo había guiado siempre por el mejor camino los últimos 12 años de su vida, basta contar tres para ver cómo Col se abalanza hacia Ramiro.

Ramiro en su mente contemplaba como los colmillos de Col penetraban con fuerza su entrepierna y podía ver el intenso color de la sangre que se iba acumulando en un charco… se estaba desangrando; Col lucía un tanto extasiado y de su boca brotaba espuma que ahora era roja por la sangre de su jefe. Los ladridos se hacen presentes una vez más, Ramiro lo único que hace es taparse los oídos y aguantarse de la mordida, ya no quiere alterar más a Col.

Pasaron unos minutos y el silencio rondó por el cuarto Ramiro lentamente se puso de pie sin ninguna dificultad, temeroso baja su mano por su pierna y se da cuenta de que no hay herida, confundido da unos pasos, se tropieza: - ¿Pero qué demonios es esto?, grita intensamente, se inclina e inmediatamente siente el bulto: -¡No!, ¿Qué he hecho?, Col, por favor no apagues tu motor, aguanta campeón.

Los ladridos ficticios en la psique de Ramiro ahora se han convertido en quejidos de Col, angustia real mezclada con dolor y una porción de incertidumbre por no descifrar el porqué de la actitud de su amo, pero aún y con el ataque inesperado, Col daría la vida por Ramiro.

1 comentario:

  1. =( ASI O MAS BONITO EL CUENTOO
    TE LUCISTE AMIWAA MUY BUENA HISTORIA CLARO IWUAL DE LINDAS COMO LAS DEMAS MUY BUEN CUENTO ;) PERO ESE MISTERIO MISTERIOSO JJEJEJE NTC SALUDINES TE LEEO EN INSTANTES ...=) By. VALE

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